domingo, 31 de enero de 2010

LAS LAGRIMAS DE LA LUNA


Muchas celebraciones estaban haciendo los Pemón, danzando, bebiendo chachire, celebraban felices la abundante y buena cosecha que les había dado la madre tierra.


Durante varias noches estuvieron gozando de aquella fiesta, en la cual humanizaban a la Luna. La cual desde el cielo parecía sonreírles alegremente, mientras desparramaba sus claridades celestiales sobre la gente.


Pero de pronto, una nube gigantesca, fea y malosa, en la que habitaban los Marawitones, se paró frente a la Luna y la tapó toda, todita. Por esto a la Luna se le había borrado la alegría de su rostro. Y fue cuando unas lágrimas de impotencia y de dolor salieron de sus ojos y en miles de estrellitas se tornaron, flotando en el espacio estaban.


Y la Luna llora que llora, pues presentía los males que hacía nube-mala a los Pemón. Y así sucedió, pues nube-mala creció tanto que pura tiniebla se hizo todo. Y temerosos los Pemón se cobijaron dentro de sus malocas porque nube-mala se convirtió en un fuerte chaparrón. Y sin compasión por el sufrimiento de la Luna, una a una fue desparramando las lágrimas por toda la Gran Sabana.


¿Y saben ustedes qué eran aquellas lágrimas derramadas por la Luna? Pues ¡diamantes! Sí, valiosísimos diamantes. Pero los Marawitones, junto con nube-mala desataron un aguacero de nunca acabar para que los indios no encontraran aquellos diamantes ya que quedaron, unos sepultados bajo tierra y otros entre ríos y quebradas. Por eso hoy, los mineros pasan mucho, muchísimo trabajo para encontrarlos.


Si no hubiese sido por nube-mala, ahora los Pemón poseerían aquellas lágrimas-lunares y tendrían mucho dinero con el que se beneficiaría toda la comunidad.

“… Desde entonces los Pemón en sus fiestas ya no brindan por la Luna, por temor a que nube-mala se vengue de ellos.”

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