martes, 10 de septiembre de 2013

La sonrisa de una niña de Etnia Pemón conquista Washington

 
 "Picardía" se úne al grupo de 20 imágenes que también se exhibirán en el Museo de las Américas en Estados Unidos FRITZ SÁNCHEZ
 
El fotógrafo y periodista venezolano, Fritz Sánchez (Caracas, 1973) asegura que la convocatoria para participar en la muestra colectiva Miradas Indígenas de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington, le llegó por casualidad.

"Un día hurgando en Internet, me topé con el sitio web de la OEA y leí acerca del concurso. Me pedían postular una fotografía que retratara el sentir de una comunidad aborigen. Las fotos ganadoras serían expuestas en una colectiva. Al cabo de dos meses recibí un correo electrónico donde me notificaban que de un universo de 520 creadores de todo el mundo, 20 habíamos sido seleccionados y mi nombre estaba en la lista", relata el autor de la primera guía ecoturística del estado Bolívar, Aventurarse.

Sánchez participó con su obra Picardía- una imagen en la que un grupo de niñas pemonas pertenecientes a la comunidad de Liwoliwo, en el estado Bolívar, sonríen frente al lente de su cámara-. "Yo aposté por la inocencia. La ternura en las miradas de estas pequeñas, con sus caritas pintadas y su indumentaria típica me cautivó", comenta el comunicador social, egresado de la Universidad Central de Venezuela.

El jurado calificador, conformado por representantes de la Secretaria General de la OEA, aseguran que la fotografía de Sánchez "logra fusionar armónicamente la riqueza de la cultura pemón con la promoción turística del estado Bolívar", según reseñan en la carta digital dirigida al creador que vive y trabaja en Bolívar.

Desde hace una década, Sánchez se ha dedicado a promocionar el turismo, proteger a las comunidades indígenas y el medio ambiente en la Gran Sabana. "Fue con una excursión al Roraima que hice con el centro de excursionismo de la escuela de biología de la UCV, que me enamoré de esta localidad, de sus paisajes y su gente", cuenta el fotógrafo que cursó un postgrado en alta dirección de turismo rural en la Universidad de Buenos Aires en Argentina. El artista visual no oculta su emoción, cuando revela que su fotografía también será expuesta en el Museo de Arte de las Américas (AMA) de Washington.

"Es una gran satisfacción poder llevar la riqueza y la biodiversidad cultural de Venezuela a otros países. Agradezco a la OEA y al AMA por apoyar este tipo de iniciativas", concluye el periodista, cuya labor en pro del medio ambiente ha sido reconocida por la gobernación del Estado Bolívar, el Centro de Investigaciones Ecológicas de Venezuela y el Ministerio del Ambiente.

lunes, 9 de septiembre de 2013

BUSCANDO A SU MADRE !!

David Good no era un viajero nato ni tenía espíritu aventurero: el hábitat verde al que estaba acostumbrado era el de los parques y jardines de Pensilvania, el estado del este de Estados Unidos donde vivía, y su viaje al Amazonas venezolano era su primera excursión fuera del país desde su niñez.
Este joven, de 25 años, había sido criado por padres de distintos países, algo bastante común en el barrio. Pero allí terminaba toda semejanza con sus vecinos y amigos: mientras que su padre era estadounidense, su madre provenía de una tribu de un rincón remoto de la selva amazónica.
Por eso llevaba tres días navegando por el Orinoco en un bote a motor. Sintiéndose mal por el movimiento, por las picaduras constantes de los jejenes, por el aire húmedo y la sed constante. Tenía un nudo en el estómago y acumulaba noches sin dormir.
Jacinto, un indígena de la zona, se encargó de llevarlo río arriba, maniobrando la lancha por rápidos, cada vez más adentro de la selva.
Cuando escucharon gritos desde la orilla, le dijo: las voces no podía ser sino de los yanomamis, porque "ningún blanco vive tan río arriba".

  "Comenzaron a gritar 'motor, motor'... todo un acontecimiento. No escuchan el ruido de motores muy seguido", cuenta Good.
Los estaban esperando: desde más abajo se había corrido la voz de que un pequeño bote estaba en camino. Hombres, mujeres y niños habían llegado hasta la orilla desde la aldea cercana, Hasupuweteri.

 "Se aglomeraron a mi alrededor. Tenía tantas manos encima, tocándome las orejas, la nariz, acariciándome el pelo…"
Con 1,6 metros de altura, David estaba acostumbrado a ser siempre el más bajo de su grupo. Se puso nervioso cuando se vio rodeado de personas a las que les sacaba una cabeza: los yanomamis son uno de los grupos étnicos de menor estatura promedio en el mundo.


No era la primera vez que los habitantes de Hasupuweteri se veían cara a cara con un nabuh, como llaman al hombre blanco. Antes habían llegado antropólogos, médicos y misioneros.
Pero David era diferente. No venía a investigarlos, curarlos o convertirlos.
Ellos sabían que venía a buscar a su madre
Movimiento en apoyo del idioma español en Internet
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